07 julio 2010

Diario de La Barraca: La mirada atenta de los presos

6 de Julio de 2010.


“Quizás fuera por la mala influencia de esas películas americanas, o por el desolado paisaje que rodeaba aquél sitio, pero lo cierto es que todos y cada uno de los comediantes tenían una sensación que, sin llegar a ser miedo puro, rozaba el respeto cuando atravesaron la valla. Para muchos de ellos era la primera vez que iban a actuar en una cárcel. La prisión de Valladolid.
Una vez dentro, ese respeto inicial se iba convirtiendo poco a poco en inquietud. Las paredes, decoradas con dibujos coloridos, parecían más bien las de un colegio de secundaria, y el salón de actos era mejor que el de muchas universidades.

Se cerró el telón mientras los primeros presidiarios tomaban asiento. En ese momento los actores puestos en escena escuchaban las risas y chanzas de los allí presentes. La expectación se repartía en partes iguales entre los espectadores que esperaban ver a los actores y estos que esperaban ver ese público poco usual. El telón se abrió y vieron a su público, las mujeres a la izquierda, los hombres a la derecha.
Risas, griterío, piropos, palabras intangibles, en ese momento la actriz se volvió hacia ellos y pronunció las cuatro primeras palabras: “Silencio vengo a pedir…” Sorprendentemente todos callaron.

¿Alguien resuelve el Enigma? –decía el texto de Lope. Hubo respuestas de muchos tipos entre el público, algunas dignas de estudio.

Sabed -continuaba la actriz- pues nadie lo sabe, que la respuesta a tal cosa, somos los comediantes –En ese momento los actores se inclinaban al público como estaba marcado por la directora, pero se produjo algo que nunca hasta entonces había ocurrido: Los presos comenzaron a aplaudir con fuerza. Fue entonces cuando el miedo desapareció y simplemente disfrutaron su trabajo. El público reaccionaba ante las provocaciones de los personajes, se reía con ellos, lanzaba algún chiste, que sólo ellos entendían, relacionado con lo que veían, y mantenía la tensión que se producía en la obra. No apartaban la mirada de lo que ocurría sobre el escenario.

La representación estuvo llena de momentos mágicos y se cerró con un generoso aplauso en pié de todos los presos. El poder del teatro había vuelto a funcionar, ellos olvidaron durante media hora que estaban en presidio y los comediantes no olvidarían nunca la mirada atenta de los presos.”

3 comentarios:

  1. Ése es "público puro" de teatro, sin falsos filtros, sin negociaciones con el actor; o le enganchas o no le enganchas, y ambos extremos te los muestran de forma extrema... ¡Qué pena que el público habitual tenga tanto miedo a expresarse libremente... y qué paradoja que sean los presos el público más libre!

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  2. ¡Ole Alvaro, animo con la función!
    Qué experiencia más chula, única. Aprovéchalo al máximo que no vuelve.
    Abrazo

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  3. Llevar el teatro a una prisión es un bello regalo mutuo para presos y actores. Debéis poner mucho amor y mucha verdad en vuestro oficio o no os hubieran aceptado.
    Ellos necesitan más que nadie la complicidad de un escenario donde mirar el mundo con esperanza...
    Enhorabuena comediantes!
    Una vez más bendigo vuestro oficio

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