27 mayo 2010

El Silmarillion


Después del gran éxito que tuvieron las películas de "El señor de los anillos" muchos de los que no conocían esa maravillosa historia, entre los que me incluyo, tuvimos la ocasión de asombrarnos con la obra de JRR Tolkien. Tras ver la trilogía de Peter Jackson, quise leerme los libros pero, aunque lo intenté varias veces, no pude pasar del primero. Ayer terminé de leer El Silmarillion, obra póstuma de Tolkien editada y publicada por Christopher Tolkien, su hijo.
El Silmarillion está dividido en cinco partes:
Ainulindalë: Donde se cuenta el origen de los "Dioses" (Valar) que después crearan el mundo.
Valaquenta: Continuación de la primera donde se narran las historias de los Valar.
Quenta Silmarillion: La historia del origen de los Elfos, humanos y seres que habitaran "Arda" el mundo del que habla Tolkien. Es la parte más extensa de cuantas hay en el libro y se compone de historias donde la mitología y las líneas familiares se van uniendo, todo ello con la trama de los Silmarils de fondo.
Akallabêth: La historia del nacimiento y caída de Númenor (una especie de Atlántida).
De los anillos de poder y la tercera edad: Título más sencillo que los anteriores donde se narra de forma resumida los acontecimientos que ocurren justo antes y durante "El señor de los Anillos".

 
Las dos primeras partes del libro no dejan de ser una "Teogonia" como la que escribió Hesíodo en el siglo VII o VIII a.C. que aún así resultan fáciles de seguir y en muchos casos muy poéticas. Sin embargo la cosa comienza a complicarse con la tercera parte: El "Quenta Silmarillion" es una recopilación de leyendas donde los nombres de las distintas familias de Elfos se acaban volviendo algo confusas sin un árbol genealógico delante, pero donde también se cuentan historias realmente preciosas. Es quizás la parte más costosa de leer y es fácil perderse entre tanto nombre pero los conflictos que relatan tienen, además de fantasía, un toque trágico que envuelve toda la obra y que no tienen nada que envidiar a muchas tragedias griegas. La Historia en el fondo es la de siempre: el bien contra el mal, sin embargo igual que en las grandes tragedias griegas el final no resulta del todo agradable y deja un mundo peligroso y solitario. La cuarta parte, mucho más breve que la anterior continua con los acontecimientos tal y como los deja, y nos narra la historia de Númenor, que está claramente inspirado en la conocida historia de la Atlántida, ya que ambas tierras resultan gloriosas en cuanto a civilización y acaban sepultadas bajo el mar. La última parte es un resumen de lo que podremos leer con más detenimiento en la obra más conocida de Tolkien.
Hecho este brevísimo resumen, puedo decir que El Silmarillion es un libro complejo de leer pero con muchas perlas dentro; podemos encontrar historias que resultan de una belleza y una poesía que pocas novelas fantásticas pueden conseguir. Cierto es, que puede resultar pesado para personas que nunca se han aproximado al mundo de Tolkien, a pesar de que el libro este creado como prefacio a sus otras novelas, pero aún así es una fuente de inspiración para muchas de las historias de fantasía que desde niños hemos visto y leído. Por algo se le considera el padre de la literatura moderna de fantasía.
Valoración: *** (sobre 5)

 

(Imágenes: "Maglor arrojando el Silmaril al mar" y  "La caída de Gondolin)

25 mayo 2010

Compartir piso de estudiantes


Almohada: 16€
Corbata: 8,50€
Post-it: 4€

 
Llegar de clase y encontrar en la cama esto:





  

No tiene precio…

18 mayo 2010

El origen del dolor

                                        
En ese mismo segundo algo sale de tu cuerpo para siempre, se despega de cuajo y sientes un vacio, no sangras pero resulta angustioso. Te oprime el estomago como si un cilindro te hubiera atravesado dejándote un agujero enorme, un pozo vacio. Sólo podemos llorar. La mente acumula imágenes que pronto se convertirán en veneno y que tanto tiempo tardarán en salir. El virus entra líquido y derrumba los cimientos de las más altas torres construidas sobre lo que pensabas que era fuerte y resistente cemento. Y cuando llega a las pupilas las tiñe de engaño y de dolor, y ves el mundo como un plató de televisión, se desgarra el papel pintado de las calles, los edificios de cartón caen ligeros al suelo y descubres los focos y las cámaras, pero a nadie en ellas… ese es el golpe final; pues efectivamente, te ves sólo.
Un segundo para que entre el dolor; y una pregunta que nace junto con la herida: ¿Cuándo se limpiará del todo?

13 mayo 2010

Felixín


Era un hombre solitario, desaliñado, flaco y sin afeitar; siempre vestía los mismos pantalones acompañados de una camiseta de tirantes blanca y la chaqueta de un chándal viejo que alternaba según la estación con una camisa de cuadros sucia y un jersey gris. Tenía la cara marcada de arrugas y manchas y unos ojos chiquitines. Por lo menos así lo recordaré físicamente. Sin embargo, a pesar de sus pintas, no se trataba de un mendigo o un sin techo, como dicen vulgarmente; Felixín vivía en una antigua casa de piedra, casi abandonada que se encontraba al final de la calle del Molino, la misma que yo recorría a todas horas con mi bicicleta de niño. Recuerdo que a su llegada, esa casa empezó a llenarse de gatos. Parecía tener un imán para con ellos. Mis primos, mi hermano y yo, solíamos acercarnos allí y mirar por la sucia ventana para ver que extraños experimentos realizaba aquel hombre en su casa; la imaginación de un niño de ocho años es muy grande, máxime cuando se trata de casas abandonadas y hombres raros que habitan en ellas. Sin embargo Felixín sabía perfectamente que le vigilábamos y era consciente de que nuestra imaginación giraba en torno a él. Por eso el día que tuvimos nuestra primera conversación, me desvelo el gran secreto: ¿Sabes por qué tengo tantos gatos? –me preguntó- Porque los clono con el microondas – y se quedo tan pancho. Yo le miraba atónito, pero a él no le importaba, insistía en explicarme la fórmula de clonar gatos y de manera muy humilde expresaba lo orgulloso que se sentía de tan grande descubrimiento.

Llegue a casa y le dije a mi abuela: El señor Felixín está como una cabra... Ella me explico que había sido marinero y que el mar vuelve loco a mucha gente. Pero a mí me encantaba la idea de que Felixín hubiera vivido en el mar, siempre pensé que los marineros eran gente solitaria que disponían de mucho tiempo para pensar sobre gran cantidad de cosas.

Pasaron los años y al mismo tiempo que yo crecía lo hacía también su barba grisácea manchada por todo lo que fumaba. Algunas noches de invierno, al salir del pueblo, por la carretera podías encontrártelo recogiendo caracoles con un chaleco reflectante que alguien le había regalado, conociendo su afán por caminar de noche. En otras ocasiones llegaba a nuestra casa y le daba a mi tía una bolsa con setas que había recogido esa mañana. Ella las miraba durante un momento pensando hasta que punto serían comestibles; A la tercera vez simplemente le daba las gracias y las echaba en la cazuela. Estaban deliciosas. Era una de las pocas personas del pueblo que recordaba mi nombre, "Don Álvaro de luna" me llamaba, y yo no sabía por qué. Después me entere que fue un noble del siglo XV.

En los últimos años en que mis viajes al pueblo eran menos frecuentes, siempre que nos veíamos me preguntaba por mi vida, por el teatro; se tiraba largos ratos hablando conmigo mientras tosía por todo el tabaco acumulado en sus flacos pulmones. Muchos me decían que no le diera coba, "este Felixín se pone a hablar y no hay quien lo pare" decían. Pero ese hombre solitario y gris siempre me resultó misterioso e interesante.

Hace unos días murió.

Sus pulmones ya no aguantaron y descansaron por fin. Lo enterraron en el cementerio del pueblo, aunque si yo hubiese sido familiar suyo, lo hubiera incinerado y arrojado sus cenizas al mar. Sirva este escrito como mi pequeño homenaje a un hombre que no hizo nada grande en la vida, salvo vivir y clonar gatos en un microondas, que ya es bastante. Quizás por esa razón, ahora que se ha ido, todos esos gatos esperan acostados en la calle a que vuelva. Pero por suerte o por desgracia ningún loco ha inventado aún el horno para clonar humanos.


 

Descansa en paz Felixín…