29 abril 2010
Mi viejo y cutre Diario
Todos hemos tenido en algún momento de nuestra vida, la imperiosa necesidad de escribir un pensamiento, opinión o idea sobre algo de nuestro interés. Durante un tiempo de mi feliz e ingenua niñez, me dio por escribir en un diario. Ese pequeño librito, con páginas de colores y un candado que nunca llegó a funcionar, fue uno de mis regalos de "Comunión", celebración que yo por aquel entonces la veía como un cumpleaños a lo grande donde vistes un traje, normalmente horrible, te peinan con raya al lado y todos tus familiares se ponen tibios en un banquete, olvidando sus diferencias familiares por unas horas para "hacer feliz al crio" agasajándole con regalos, que con el tiempo olvidará y dejará en un cajón. Pues bien, uno de estos regalos fue ese diario.
Ese mismo día escribí la primera página: Hoy es mi comunión y me han regalado este diario. Estoy muy contento.
Simple, concreto y sin rodeos. Como escribe un niño de diez años.
Durante las dos semanas siguientes me pase escribiendo en el diario todas y cada una de las cosas que me pasaban; No me limitaba a escribir lo que me ocurría, sino que además ordenaba el diario en: Mañana, Tarde y Noche, por lo que en muchas ocasiones había páginas donde escribía: MAÑANA:
Hoy por la mañana e Bisto Toy Story. Me a justado. A mi hermano…bueno creo que tanvién. Después he ido a decir a mi madre que me ha gustado. Y después he ido a la havitación a decirselo a mi padre.
Y por la tarde continuaba: TARDE: Despues de comer me he ido a labar las manos. He comido macarrones y pollo, pero el pollo estaba en esqabeche que es como no me gusta a mi. La abuela lo hace diferente y está mas rico…
Pronto me di cuenta que el sistema de organizar el diario en horarios no funcionaba, llego un día en que me pasaba más tiempo escribiendo lo que hacía que haciendo cosas. Por lo que dejé mi escritura diaria de lado y me dediqué a vivir cosas. Y de este modo mis entradas en el diario estuvieron centradas únicamente en acontecimientos calificados de "importantes" para un niño de 11 años, tales como: Debora no se fija en mi, pero me gusta mucho, yo creo que soy gracioso pero ella no me hace ni caso… hoy estoy triste.
De esta forma convertí mi diario en un cuaderno de penas y alegrías donde sólo escribía las cosas malas, muy malas, horribles y muy buenas, por este orden.
Han pasado casi catorce años desde que escribí algo por última vez en ese diario, y hace meses me encontré con él, precisamente en un cajón del escritorio. Había estado allí desde entonces, sin hacerle caso, pero en esta ocasión en concreto me decidí a abrirlo y empecé a leerlo, casi treinta hojas escritas con una letra horrible y restos de goma de borrar entre las páginas. En algunos momentos de mi lectura me sorprendí recordando los momentos que ese niño escribía, en otros sentí ternura y en otras más bochornosas me reí a carcajadas con sus reflexiones. No deje de leer hasta que terminé todas las páginas escritas y tuve la sensación de haber estado leyendo los pensamientos y sueños de un niño desconocido para mí.
¿Qué era lo que me empujaba a escribir en ese viejo y cutre diario?
Yo no sé la respuesta, pero imagino que ese niño necesitaba un lugar en el mundo donde expresar todo lo que sentía, esas cosas que a veces no puedes contar a nadie porque temes su reacción, la clase de sentimientos que al escribirlos te hacen ser consciente de cómo eres y en algunas ocasiones sorprenderte a ti mismo con las reflexiones que pueden salir de dentro, cuando tienes un lápiz en la mano.
Tal vez esa sea una de las razones por las que ese niño, catorce años después decide abrir un blog y escribir.
Tal vez dentro de catorce años me ría de todo esto…
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